miércoles, 11 de abril de 2012

Devuélveme lo que era mío al menos.

Y derrepente; se enamoró. Calló de nuevo en la trampa, en la misma que ya se conocía de memoria cada uno de sus estados. Con la ilusión gastada, de nuevo esos cosquilleos que le recorrían cada rincón de su cuerpo de arriba a abajo, de cabeza a pies, otra vez esas ganas de comerse el mundo a su lado, comenzó el tormento, las calles llevaban su nombre y cualquier canción le recordaba a esa persona. Temía cometer cualquier fallo por pequeño que fuese, de puntillas andaba por si cupido se había equivocado otra vez, como las anteriores, mil preguntas sin respuesta invadían su cabeza, ¿estaré haciendo bien dejándole mi corazón en sus manos?, ¿o debería hacerme la dura?, ¿quien dictamina lo que está bien y lo que está mal cuando el corazón no da crédito a la realidad?, más aún se le ensanchaba el alma a cada paso que daba su boca, al mínimo roce su piel se erizaba y no calculaba el tiempo ni la distancia del punto de salida, para ella no había más religión que su voz, le drogaban sus ojos, le saciaban caricias y sonrisas, sólo conciliaba la paz si le cojía la mano al andar, sus noches eran frías y el sueño se reía en su cara si antes de dormir no tenía un sms dándole las Buenas noches. El miedo a perder algo que aún no era suyo le aterraba, volver a revivir la misma sensación de vacío, pues dejarse llevar suena demasiado bien, por amor al arte no podía estar sintiendo tanto torbellino en su interior al verle venir al lejos, no podía conformarse con tenerle sólo a ratos, necesitaba más. Aún no había asimilado lo que estaba ocurriendo, cuando sin esperarlo todo terminó, se acabó, fin del juego. El amor puede ser la sensación más increíble del mundo, pero también puede ser el peor enemigo que jamás pudiste conocer, ahora dime ¿Te atreves a quererme?

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